Un recorrido que nos acerca a la historia de Portugal y a sus ciudades fortificadas. Lugares, fronterizos con España, que dan paso a la capital, Lisboa, en una ruta por los grandes monasterios, que no dejará  a nadie indiferente.

Ciudades como Évora y Elvas, medievales y fortificadas, reciben al visitante en El Alentejo. La primera de ellas, declarada Patrimonio de la Humanidad, se presenta rodeada de fuertes murallas, con la catedral dominando y con  la Iglesia de San Francisco, que cuenta con la Capilla de los Huesos, un osario construido por los franciscanos para inspirar  la meditación entre los novicios. 

Dos fuertes sobre cerros avisan de la localización fronteriza de Elvas,  para adentrarse después en Lisboa, que ofrece múltiples atractivos culturales desde una variada gastronomía, a los tradicionales fados, su  tranvía,  el Tajo o sus callejas pintorescas, que recorren barrios como los de Baixa, Chiado, Barrio alto y Alfama.  Al oeste de la ciudad, Belém, que invita a pasear por sus calles y escalinatas cuajadas de buganvillas de Alfama, el barrio más antiguo de Lisboa, coronado por las ruinas de un castillo árabe y con el monasterio de los Jerónimos y la Torre como dos de  sus principales monumentos. 

En un país como Portugal, que destaca por sus grandes monasterios y conventos,  hay tres paradas inevitables. El templo de Batalha, ejemplo del gótico tardío portugués y del estilo manuelino, con capillas inacabadas y  proporciones inmensas,  conmemora la victoria sobre los castellanos. La abadía cisterciense de Alcobaça, una de las más influyentes de Europa durante seis centurias y, finalmente, Tomar, sede de los templarios lusos,  que desempeñaron un papel decisivo en la reconquista de la península Ibérica.