Durante la Edad Media, como en otros periodos, la sacralidad preexistió a las acciones humanas. Mediante acciones rituales y producciones tangibles, las personas pudieron conferir sacralidad al mundo físico o a parte de él. Conforme a ciertos protocolos y procedimientos, se construyeron objetos, imágenes y recintos sagrados.

La explicación de la relación entre arte y sacralidad sigue siendo aún hoy muy problemática. Para avanzar en su comprensión, las teorías de la secularización en las sociedades modernas propician un complejo discurso sobre la “transferencia de la sacralidad”, desarrollado desde el siglo XVIII, que abarca varios aspectos. En primer lugar, implica el establecimiento de criterios de selección de lugares, de protección de objetos y de transmutación del valor sacro de unos y otros a través de prácticas litúrgicas. De ese modo, merced a esos tres factores (lugar, reliquia y rito) se materializa la presencia espiritual y material de entes sagrados. En segundo lugar, es necesario continuar precisando el modo en que los marcos espaciales contextualizan el contacto directo de los fieles con los recipientes de lo sagrado. Su presencia se perpetúa con la fijación topográfica y la continuidad histórica de esa comunidad que, a través de su institución religiosa se apropia del hecho sagrado, de su emplazamiento y de los marcos espaciales que circunscriben la trascendencia y propician su experiencia. En tercer lugar, dado que no es posible definir para el pasado medieval las emociones espirituales intensificadas por la presencia de imágenes y relicarios ni de las emociones estéticas ante los instrumentos que permiten ver lo invisible, se ha procurado enunciar desde el espectro emocional del presente. La historia del arte románico está en deuda con la literatura mística de los siglos XI-XIII, pero tanto o más con los modos empleados por la fenomenología contemporánea para denotar la experiencia religiosa.

Este coloquio no se dedica a lo sagrado como sustantivo –antropológico o sociológico–, sino a las funciones y relaciones que adjetivan al arte del periodo románico y que permitieron que ese arte fuera el instrumento más idóneo para lograr la presencia global de la sacralidad.