En su obra Las formas elementales de la vida religiosa, el sociólogo Émile Durkheim formuló la idea de que la división del mundo en dos dominios es el rasgo distintivo del pensamiento religioso. Uno de esos dominios contiene lo sagrado y el otro todo lo profano. La distinción de Durkheim no puede aplicarse al arte medieval, ya que en éste resulta inherente la presencia y trabazón de motivos seculares en objetos religiosos, imágenes y arquitectura. En uno de los textos más célebres del arte medieval, Bernardo de Claraval criticó la variedad imaginativa del arte profano exhibida en los monasterios cluniacenses del siglo xii, que él consideraba una subversión del orden moral de la vida monástica. La diatriba de san Bernardo no sólo confirma el hecho de que la vinculación de dominio sagrado y profano era común, sino que también plantea la cuestión de la audiencia y, por tanto, el argumento de la espacialidad. Como decía Evans-Pritchard, la sacralidad (y por lo tanto lo profano) podría evaluarse como situacional, tanto en un sentido cronológico como espacial.

Un objeto estimado como sagrado en un período dado pudo ser juzgado profano o incluso mágico en un tiempo y / o espacio diferente. La descontextualización y la reutilización son también temas importantes relacionados con este tema. “Profano” no siempre implica anti-sagrado. De hecho, dado que profano significa etimológicamente “delante del recinto consagrado”, la inclusión de elementos seculares en el seno de ámbitos sagrados sugiere un entrelazamiento dinámico que va más allá de la mera incorporación de motivos y objetos

El VII Coloquio Ars Mediaevalis 2017 pretende evaluar los resultados de los progresos de la nueva historiografía artística y, lo que es más importante, abrir caminos aún no trazados para el estudio futuro de lo profano dentro de lo sagrado en el arte de la Edad Media.