El hombre medieval consideraba a la iglesia como la Casa de Dios y por tanto tenía que ser el mejor edificio de todos, tanto desde el punto de vista constructivo como decorativo. Por ello, en su construcción se emplearon los mejores materiales que se tenían a mano y sus elementos se engalanaron con bellos repertorios ornamentales, tanto escultóricos como pictóricos. Por otra parte, dentro de sus muros tenía lugar una liturgia sacramental para cuya puesta en escena era necesario un determinado mobiliario y unos utensilios que, en muchas ocasiones, fueron fabricados con los materiales más ricos, contribuyendo así a resaltar, aún más, el esplendor del espacio sagrado.

El taller didáctico que aquí proponemos pretende ofrecer un acercamiento práctico al monumento románico, analizando su decoración, su mobiliario y su funcionalidad. Para ello continuaremos con la norma de impartir todas las lecciones al pie mismo de los edificios, facilitando de esa manera una mayor interrelación entre profesores y alumnos.