Un fenómeno constante en la investigación artística ha sido el análisis de las obras de arte a partir del binomio modelo-derivados. Es fácil de entender que una obra relevante sirviera de inspiración para otras, aunque a veces mediara un abismo entre la calidad del prototipo y sus secuelas. En el caso del románico hispano este esquema resulta válido para todo tipo de manifestaciones, desde la arquitectura y la escultura monumental, hasta la imaginería y la pintura mural, sin olvidarnos de la miniatura.

Fueron las grandes construcciones, como catedrales y monasterios, los que aportaron habitualmente los modelos que luego se imitaron o evocaron en otros edificios de su entorno. Baste recordar los ejemplos de la catedral de Santiago de Compostela o del claustro de Santo Domingo de Silos, por citar dos de los más conocidos. Lo habitual es que el fenómeno se de entre obras de un entorno geográfico más o menos próximo, aunque puede haber excepciones que remitan a lugares muy alejados entre sí, como ocurre con la catedral de Jaca y San Millán de Segovia o con las pinturas murales del Pirineo y algunos ejemplos castellanos.

Por regla general, los estudios basados en este esquema han tratado de identificar la obra que sirve de prototipo y, a partir de ella, localizar sus réplicas o derivaciones. Sin embargo, en algunas ocasiones, el análisis puede realizarse en la dirección inversa y ser las secuelas las que nos conduzcan a un modelo común, a veces desaparecido.

Como en ediciones anteriores, para facilitar la participación de un mayor número de alumnos se han programado dos convocatorias con idénticos contenidos, dirigidas ambas a un público muy amplio, desde investigadores y estudiantes universitarios hasta aficionados al arte románico en general.