Los monasterios medievales, previstos para ser lugares de oración y trabajo, estaban constituidos por comunidades de hombres o de mujeres, que ingresaban en el claustro con los rasgos particulares de su carácter y eran también células significativas del cuerpo social en el que estaban insertos. En función de las dos circunstancias, ni todas las familias monásticas fueron capaces de preservar la paz dentro de los muros monásticos ni mucho menos pudieron aislarse de las situaciones de conflicto creadas fuera de aquéllos.

Esa doble dimensión, de conflicto y violencia, internos y externos en que se vieron implicados los monasterios hispanos medievales constituye el hilo conductor del Seminario. Y lo hace en una cronología que va del siglo VII al XIV. En un espacio que, salvo la pertinente referencia a los comportamientos monásticos en el área bizantina y otra al poco conocido mundo andalusí, se centra en el área hispanocristiana. Y con una temática que comprende tanto distintas variedades de conflicto (en el seno de la comunidad, entre versiones distintas del rito o de la regla monástica, de los monjes contra la autoridad política) como diferentes expresiones materiales en que el conflicto se manifestó históricamente. Unas veces lo hizo en los espacios interiores del propio complejo monástico, otras en los exteriores, que, en ocasiones, llegaron a fortificarse, y, por fin, otras en imágenes y creaciones artísticas en que tales conflictos llegaron a traducirse en algunos momentos.